Sobre mí

“Vine a escribirte, es decir: a ser”
Clarice Lispector

Me llamo Virginia Beccaría Canelo (Canelo es el apellido de mi madre y empecé a usarlo hace algunos años). Nací en San Francisco, una bonita ciudad de Córdoba, aunque vivo en Buenos Aires desde hace más de media vida. Soy Especialista en Procesos de Lectura y Escritura (U.B.A.),  también Lic. en Comunicación (U.B.A.). Soy malísima en los deportes pero me gusta jugar, tirarme en el pasto y bailar. Tuve el honor de formarme con grandes referentes de la literatura, como María Teresa  Andruetto,  María Wernicke y Guillermo Saccomanno. Hago yoga tibetano y meditación desde hace muchos años. Tengo cuadernitos de todos los tamaños por los rincones de mi casa, en mis bolsos, mochilas y bolsillos.

A los cuatro años, aprendí a leer para conocer a Alfonsina, que había salido en una revista, y  a  copiar palabras que mi abuela anotaba para mí. A los siete años, escribía cuentos y poesías, y leía una novela tras otra.  Habitaba un mundo en un rincón del patio, o  bajo la lámpara del tablero de dibujo de mi abuelo.  

Aunque siempre supe que ese fuego era parte de mí (era yo), durante mucho tiempo no creí que fuera algo valioso para otros. Tuve una maestra en segundo grado, la señorita Leonor, que me escribía en mi cuaderno: “¡Eres la reina de los cuentos!”. Salía, de vez en cuando, algún texto mío en la revista de la escuela y una vez la directora me llevó a leer a un café literario. Eran cosas que no pasaban todos los días en mi pueblo.

Sin embargo, yo crecí con la creencia de que escribía “para mí”. Era mi manera de interpretar la realidad y de tener un refugio. Sentía (y aún lo siento) que, mientras tuviera un lápiz y un papel, todo estaría bien.

Con los años, aquí en Buenos Aires, tuve la necesidad de hacer algo para que las voces de las escritoras se oyeran; entonces,  empecé a organizar homenajes y ciclos de lectura. Pasé por el periodismo, trabajé en muchas cosas que me gustaban (educación, editorial, cultura, proyectos digitales), pero ninguna se acercaba a lo que experimentaba al escribir. Hubo un momento en que me di cuenta de que a donde iba, me pedían que diera un taller. Tal vez, porque me habían escuchado hablar apasionadamente hasta las tres de la mañana de escribir y leer. En muchos de los cursos, terminábamos siendo todas mujeres.

Fui publicando algunos cuentos, uno de ellos resultó finalista en un concurso en España. Después, salió ¿Te acordarás?, un libro que reunía varias cosas mías, con prólogo de mis admiradas Reina Roffé y Tere Andruetto.

Pero todavía no había logrado darle a la escritura el lugar que pedía. Y con esa frustración, en 2015 dejé todo y me fui, mochila al hombro, a recorrer parte de la Argentina, Perú y Ecuador. No pensaba volver. Escribí viajando. Y mientras escribía, me encontraba con personas que querían aprender conmigo.  Mi mundo bajo la lámpara fue creciendo tanto que ahora se llenaba del fuego en el centro de una ronda sobre una montaña entre picos nevados. O del mar tibio, la noche en que llegué a la primera playa de la Ruta del Sol.

Volví a Buenos Aires y un día, pasó: mi novela Muriel y los peces, ganó el 3° premio Federal Bienal de novela del C.F.I.  Me acuerdo de cuando me llamaron para darme la noticia: estaba en el MALBA, con dos personas queridas. Solo una reaccionó y me abrazó emocionada. Tardé en entender lo que estaba sucediendo.  

Unos meses después,  tuve un grave accidente en la bici. No sabía qué había pasado. Estaba en el asfalto, mis manos raspadas y un dolor que empezada a crecer en mi cara, brazos, piernas. Todas las cosas que “tenía que hacer” quedaron suspendidas durante dos meses en los cuales apenas pude moverme. Y mientras me buscaba en el espejo tratando de entender por qué había ocurrido algo así en mi vida, llegó la pandemia. ¿Qué otra prueba necesitaba para comprobar que todo puede cambiar en un segundo? No había más tiempo que perder. No podía seguir diciéndome que había cosas más urgentes. Nada es más urgente que la certeza, la sed del alma. Tengo un abuelo y un padre artistas, tengo una madre y una abuela profesionales, y una bisabuela que viajó en carpa casi hasta el final de sus días. Cada quien había elegido su destino y yo estaba frente al mío. Y no me alcanzaba con escribir, no me alcazaba con dar a conocer a otras autoras: si yo escribo, que todas podamos hacerlo.  Así nació Virginia BeC.  

Hoy, Muriel y los peces está siendo publicada por una gran Editorial ¡con contratapa de Tere Andruetto!, a punto de llegar a las librerías de todo el país. Creo en lo que escribo profundamente, como creo en el fuego que habita el alma de cada mujer.